viernes, 8 de agosto de 2008

Diario de espera- Trabajo Final

Diario de espera

Estragón.- Vayámonos.

Vladimir.- No podemos

Estragón.- ¿Por qué?

Vladimir.- Esperamos a Godot

Estragón.- Es cierto

“Esperando a Godot”, Samuel Beckett


17 de julio de 1993

Llueve. O no llueve, diluvia y lo más gracioso o lo más terrible es que no sé si la luminosidad que de a momentos quiebra la penumbra en que está sumida la habitación se la debo a los relámpagos o a los bombardeos. Los ojos me arden y es culpa de esta vela y su trémula luz, de su cera desconsiderada que se lanza en picada, impetuosa, impulsiva, para ir a dar de cabeza contra mi cuaderno. Pero entiendo que no importa, que mi testimonio igual queda asentado y quién sabe si algún día este cuaderno manchado será valioso y disputado precisamente por haber estado yo, aquí y ahora, escribiendo en él estas palabras.

¿Quién da más? ¿Quién da más? Un golpe de martillo anunciará en unos años que la ansiada reliquia ha sido otorgada a la mujer del fondo, a la izquierda, la de cabellos oxigenados, collar de perlas y tapado de visón, por la mísera suma de unos miles de dólares. Y orgullosa, con una sonrisa enorme que deja ver todos sus dientes, recién blanqueados por el dentista, se acercará contoneándose a tomar posesión del cuadernito bosnio de papel barato, finito, mientras se felicita una y otra vez por la brillante inversión, calculando mentalmente (en inglés, acaso) las futuras ganancias que le deparará su publicación.

Hay buenas noticias hoy y es que una directora norteamericana ha venido a dirigir una obra aquí a Sarajevo. Es casi un milagro que alguien se atreva a hacer semejante cosa durante el asedio, pero la vi ayer mismo, con mis propios ojos, durante las pruebas para los actores. Van a montar “Esperando a Godot”, de Beckett. Hoy me avisaron que fui elegida para encarnar a Estragón II (la pareja de protagonistas que originalmente aparece en la obra se ve en esta puesta en escena triplicada: hay tres Vladimires y Estragones). Mi compañero, Vladimir II, será en este caso un personaje femenino, interpretado por Nada Djuversca. No la conozco demasiado, pero la vi en el espectáculo que está presentando Krleza, “En agonía”, y parece bastante buena.

Sé que no es el papel que he estado esperando por tanto tiempo, pero con el sitio y con la guerra no hay demasiadas opciones, así que decidí aceptar. Dicen que como la directora es extranjera, puede que tenga cierta difusión internacional, así que quizás me ayude a la hora de buscar trabajo en Estados Unidos.

Hoy tampoco vino el cartero, pero sin duda llegará mañana. Y ya sería hora de que me duerma, mañana comienzan los ensayos (hacía tanto que no oía esa palabra) y es importante que me levante muy temprano, porque quiero escuchar los golpes en la puerta cuando llegue el correo.

Sí, dormir, pero sólo si el constante gruñido de la silla-hamaca de Hasan lo permite. Iumm, graumam, trium, irrchsssou, sigue, sigue y no me deja pensar ni conciliar el sueño y si lo logro me empuja a pesadillas absurdas donde un millar de demonios me persiguen por toda la ciudad, afilando sus garras contra sobres de papel madera.

Cómo describir ese ruido al que ninguna onomatopeya se aproxima. Iumm, graumam, trium, irrchsssou. No, no se parece siquiera a eso. Es como un niño sonriente rugiendo; un ave carroñera, de esas que comían las tripas de los héroes mitológicos, gimiendo de placer; como un arado herrumbrado arrastrándose por la avenida; o como un hombre hablando. Un ruido inefable, indescriptible, un ruido que hay que oír o ver dibujado. Un ruido amarillo y naranja y negro y marrón, que dibuja aves y arados y hombres y niños; un ruido en el que a veces todos los colores se derriten hasta que ya no veo nada. Un ruido enceguecedor.

Así no se puede vivir, le dije a Hasan que se tendría que ir mañana y sé que sus valijas ya están preparadas.


22 de Julio de 1993


Muchacho.- El señor Godot me manda deciros que no vendrá esta noche, pero que mañana seguramente lo hará


Insistente, inalterable sigue resonando el perpetuo, implacable graznido de la silla-hamaca. Hasan sigue aquí, no se ha ido. Nunca abro su puerta, golpeé y grité a través de ella que tendría que partir la mañana siguiente. Percibo a su habitación como una extensión de su cuerpo, un espacio impenetrable, franqueado por barreras invisibles, las de la cortesía, o el respeto, o el pudor. No me contestó, pero sé muy bien que me escucha. El ir y venir incesante de la silla varió sutilmente y supe que encerraba una respuesta, como si dijese, en un murmullo imperceptible, que mañana a las seis partiría, que las valijas estaban preparadas, que hoy el día estaba fresco. Más le vale. En realidad, a veces hasta desearía que se quede, no es un mal compañero, es tan tranquilo. Si no fuera por la silla-hamaca. Y si pagara la renta. Pobre chico. Aún así, se tendrá que ir mañana, no voy a seguir cargando con él por más tiempo, ya está decidido.

Comenzaron los ensayos, ya tengo mi parlamento. Es una copia al carbón, apenas legible y me está costando horrores aprenderlo. Pero me esfuerzo, me rehúso a olvidar alguna frase el día del estreno y que luego eso me impida conseguir futuros trabajos.

Hoy tampoco vino el cartero, pero ya no puede faltar demasiado tiempo. Gradevic me aseguró que los papeles llegarían muy pronto. Entretanto, estuve pensando que tendría que aprender inglés. Contratar intérpretes no debe ser nada barato y probablemente los primeros días, al menos hasta que consiga mis primeros papeles, no tenga dinero suficiente para eso. Quizás pueda encontrar algún libro en el mercado negro y va a ser mejor que me apure, porque no sé cuanto tiempo más voy a permanecer en la ciudad.


25 de Julio de 1993


Vladimir.- Es como si estuviéramos en un espectáculo.

Estragón.- En el circo.

Vladimir.- En un music-hall.


Luces, miles de destellos que se refractan en las lentejuelas, el satén y los bordados y estallan en todas direcciones, relámpagos de brillantina en la noche aterciopelada del telón, como la artillería serbia pero no, explosiones de chispas multicolores al compás del piano, la trompeta y los platillos, salvas de aplausos y ovaciones. Detonan los cumplidos, el entusiasmo de un público que fuera de control ametralla con flores, con rosas rojas, con pétalos escarlatas que ya ocultan todo el escenario, que me cubren por completo el vestido. La boa negra de plumas ahora roja de flores, de sangre se escurre hacia el suelo de madera lustrada; la dejo caer en un arrebato de emoción, mientras mis brazos torpes se marean saludando al auditorio e intentando atrapar alguno de los millares de billetes verdosos, proyectiles que de pronto han empezado a diluviar sobre nuestras cabezas.....

No apareció en esta ocasión ninguna garra afilada, ningún sobre destrozado. Cuando desperté supe que todo esto no podía ser más que una premonición, un mensaje y empecé a preparar las valijas. Revolviendo viejos baúles y armarios invadidos por la humedad, las polillas y la naftalina, encontré unos vestidos de años atrás que son perfectos. Van a necesitar algunos arreglos, habría que lavarlos, zurcirlos, quizás hacerles algunos bordados, pero ya habrá tiempo para ello más adelante. Me di cuenta de que con el asedio he adelgazado mucho, son exactamente mi talle. Quizás no me queden exactamente como antes y, aún así, apenas los probé me transfiguré: lejos de la actriz cuarentona, consumida hasta los huesos por el hambre y por la guerra, asomó una mujer joven y resplandeciente, lista para salir a escena.

Escucho, escuchen ustedes también a esa voz imponente que pide silencio a los espectadores para que dé comienzo la función y abran paso que aquí llega Milijana Zirojevic, la gran estrella bosnia recién llegada de Sarajevo. O mejor no, que dicen que estos nombres extranjeros, tan largos y complicados, no son los que penetran a lo profundo de las mentes, qué digo, el propio espíritu de la audiencia; aquí llega entonces Daisy Love, o no, mejor Kelly Key; o aquí llega Rhythm Rita, reciban ya a ¿Holly Honey? Difícil decisión. Habrá que discutirlo con (aunque qué sabe él de estrellas o de actrices) Hasan hoy mismo.

Mañana, luego de que él finalmente se vaya (a las 6 en punto, me ha dicho el vaivén de su silla), voy a ir a la Oficina de Correos para averiguar por qué no han llegado los papeles. Hasan dice que pueden haberse extraviado.


27 de Julio de 1993


Érase una vez una cenicienta bosnia.

M. Z. se levantó muy temprano para esperar a un hada madrina que nunca llegó. Alternando entre ratos de vigilia y otros de sueño ligero escuchó el concierto de balas, bombas, morteros y sillas-hamaca por dos horas, antes de partir al Pozoriste Mladin, el Teatro de la Juventud. Ensayó durante toda la tarde, olvidó tres veces sus líneas y debió sentarse en innumerables ocasiones, incapaz de permanecer en pie por culpa de los terribles mareos, de esa languidez que con insistencia le repetía que hace tiempo que no se alimentaba como era debido, que le reprochaba no haber comido un ćevapi(1) o un burek(2) por años. Tras salir del teatro se demoró dos horas en la fila por el agua, para luego acarrear los botellones plásticos hasta su casa, arrastrando los envases bajo los fogonazos de las bombas, el estallido de los disparos de los francotiradores.

Suspirando, con tristeza preguntó cuándo transformarían sus sucios harapos en suntuosos trajes, su zapallo en un avión a rayas azules y rojas con rumbo al este. El genio Hasan apareció súbitamente y le respondió, con voz profunda y crujiente, que debía tener paciencia...

Al parecer, este no es tiempo ni lugar para cuentos de hadas. ¡¿Paciencia?! ¡Si eso es precisamente lo que me está sobrando! Fue la gota que rebalsó el vaso, le advertí que mañana al alba no quería encontrar rastro alguno de su presencia en esta casa o tendría que sacarlo a patadas a él, a su valija y a su silla hamaca. El chirrido se mantenía constante, inmutable frente a las amenazas. A falta de respuesta, no me quedó otra opción que apelar a la fuerza bruta (es que este hombre no entiende razones, ya lo sé, como también sé que la puerta no tiene cerrojo, pero no voy a ser yo quien la abra, eso sí que no) y así es que comencé a golpear obstinadamente cada vez con más vigor, arrojé un par de platos, pataleé desesperada en el piso de la sala, gritando frenéticamente cuanto improperio me venía a la mente, injuriando a su padre, madre y demás parientes y clamando a los cielos porque se dignara a abrir si es que era hombre. Cuando ya estaba desparramada en el piso, llorosa, resignada, la puerta se abrió suavemente. Hasan me miró muy serio, en su vaivén sistemático, incansable, en fin, el de siempre, pero que esta vez prometía, tranquilizador, que mañana sí se iría, sin más demoras ni excusas, en fin, lo de siempre.

Me sequé los ojos, me soné los mocos y fui a dormir, a soñar con aviones, con telones, con garras, con Godot.

30 de Julio de 1993


Estragón:- No hay nada que hacer.


La obra progresa, pero muy lentamente. Parece que nunca terminamos o ni siquiera empezamos a aprender los parlamentos y cada vez falta menos para el estreno. Para peor, estamos todos tan cansados.

Hoy los ensayos terminaron temprano. Una bomba más, entre otras decenas, cayó esta mañana, pero mostró su clara voluntad de diferenciarse del resto matando a Zlaiko Sparavolo. Pobre hombre, desde que lo vi interpretando a Hamlet pensé que con esa figura tan grácil y esbelta, sería perfecto con bombín y zapatos de tap. Pero supongo que ya es tarde.

Me alegro de que Hasan siga aquí, a veces no soporto este caserón oscuro. Le pregunté cómo es qué todavía no nos colgamos del árbol de la esquina. Con mi vestido de pluma y lentejuelas. El se encogió de hombros y dijo que podríamos hacerlo. Aunque sería una lástima, una verdadera lástima.

Nos ahorcaremos mañana. A menos que venga Godot.


7 de Agosto de 1993


Estragón.- Sólo hay que esperar.

Vladimir.- Estamos acostumbrados.


Faltan diez días para el estreno y no ha llegado el vestuario de Estragón. Todavía no tengo ni mi bombín, ni las botas. Tampoco hay rastros de la zanahoria, seguimos aún ensayando con pancitos de Holiday Inn.

Hasan me preguntó hoy, por lo bajo, casi con vergüenza, si podría venir conmigo en mi viaje. Le dije que los papeles que llegarían me servían únicamente a mí y que conseguirlos costaba mucho dinero, pero le prometí que cuando estuviera allá lo ayudaría a contactarse con Gradevic para que pudiera viajar también.

No sé que podría hacer Hasan en América; el canto, el baile y el teatro ciertamente no le interesan. Intento imaginarlo ejerciendo distintas profesiones y no hay forma, solamente se me aparece él balanceándose en su silla de madera, mirando distraídamente la pared grisácea y manchada de humedad. Igualmente, le aseguré que si hoy llegaba el ansiado sobre, le permitiría ser mi guardaespaldas. Me miró asombrado, con los ojos muy brillantes; nunca lo había visto tan contento. Y les juro que, aunque parezca imposible, se levantó de su silla y se paseó por la sala conmigo. Encendimos muchísimas velas, hacía mucho que la casa no estaba tan iluminada. Me puse el vestido de plumas y él un traje gris desteñido y estuvimos ensayando varias horas mis futuros papeles. Zapateó por toda la casa, dando saltitos, yo lo vi mientras giraba como un trompo atrás de él canturreando rondas infantiles, arrojando las hojas del guión al aire como si ya se hubieran convertido en verdes billetes. Le pregunté entusiasmada por qué no partíamos hoy mismo. Hasan me recordó, desde su silla, con un solo crujido grave, que no podemos, hay que esperar el correo.

11 de Agosto de 1993


Vladimir.- Es difícil convivir contigo, Gogo.

Estragón.- Sería mejor que nos separáramos.

Vladimir.- Siempre dices lo mismo. Y siempre vuelves.


Lista de compras (para mi primera semana en EEUU)*

-Una boa de plumas (roja)

-Un sombrero con cintas y flores (negro)

-Un chocolate

-Labial rojo

-Una postal (con fotografía de la Estatua de la Libertad, para Hasan)

-Una revista Cosmopolitan

-Sandalias de taco aguja (doradas o plateadas)

-Un Curso de Inglés acelerado con libros y casettes, o un diccionario serbocroata- inglés, inglés-serbocroata

*Nota: Las compras no deben exceder jamás la suma de U$S 10, 30

¡Hasan se emocionó tanto cuando le conté de la postal! A la noche encontré bajo mi almohada un par de billetes arrugados. ¿Cómo llegaron ahí? No necesité ni acercarme a su habitación, porque él ya estaba respondiendo; me pedía, con chasquidos alegres, armoniosos, casi una canción, que también le compre y le envíe dos comics de Batman en los que aparezca el Guasón.

16 de Agosto de 1993

Mañana es el estreno. Si no estuviera tan cansada, esta noche no dormiría. La buena noticia es que hoy llegó el vestuario y la utilería de la obra. El sobre de papel madera, sin embargo, aún no ha llegado.

Hasan anunció que se irá mañana, después del estreno.

17 de Agosto de 1993


Vladimir.- Con esto hemos pasado el rato.

Estragón.- Hubiera pasado igual, de todos modos.

Vladimir.- Sí, pero menos rápido.


A la tarde

Escribo estas líneas a los apurones, mientras esperamos que termine de acomodarse el público para que dé comienzo al segunda función. La primera terminó hace minutos y fue todo un éxito, el teatro estaba desbordante de público, silenciosos, expectantes. No olvidé ninguna línea e incluso recordé cambiar mi peso de un pie a otro antes de salir corriendo a orinar. La forzada iluminación a velas crea un clima enigmático.

Hasan me vino a saludar tras bambalinas (sí, aunque no lo crean, les juro que vino, ahí estaba, con su silla) y me dijo, con una sonrisa cómplice, que el cartero estuvo en casa esta mañana.

A la noche

Cuando volví del teatro, el sobre me estaba esperando sobre la mesa. Mi nombre en letras grandes, mayúsculas. Súbitamente paralizada, lo miré, temerosa de que al tocarlo desapareciera. Las manos me temblaban y no atinaba a decir palabra alguna. Permanecí así unos minutos, hasta que de repente me precipité sobre él con movimientos espasmódicos y lo abrí. Estaba vacío.

Afuera, resonaban inalterables los proyectiles serbios, las balas. Adentro, un silla hamaca rechinaba en oscilación perpetua.



(1) Plato típico de la cocina tradicional bosnia consistente en pequeños trozos de carnes distintas cocidos a la brasa , acompañados de cebolla picada y servidos en un pan abierto.

(2) Empanada a base de hojaldre fino rellena de carne.

4 comentarios:

Pondia Bianco dijo...

¡Muy bueno el trabajo! Es genial como el drama de la guerra pasa a un segundo plano y cobran protagonismo las aspiraciones, las expectativas y todos los sentimientos de esta actriz para quien la guerra es una realidad ineludible pero no un motivo para dejar su vida en "stand by".
¡La espera del cartero y el párrafo final sobre el sobre crean una intriga cuasi-dolorosa! jeje.

Nos vemos en taller, besos.

Lisandro Gallo dijo...

Muy bueno, agonizante la espera de la actriz, parece como si supiera que el sobre nunca va a llegar, cómo si se autoengañara, sabiendo que en ese sobre se va su última oportunidad, como si fuese una excusa de la que saca fuerzas para seguir. Me hace acordar a la espera del coronel de García Marquez. Me quedé con ganas de que profundizaras sobre el estreno, sobre la obra.

An! dijo...

Holitas!! bueno Emi, no estoy muy segura de reconocer todo lo que le cambiaste, pero sin dudas me sigue gustando mucho. Lo único que yo le sacaría es la aclaración bélica cuando escribis: "el estallido de los disparos, el estruendo de las bombas poco importan", yo omitiría esa partecita porque está bueno que uno infiera que ella está tan enfrascada en lo suyo que casi no le da lugar a lo que pasa afuera. Y de todas formas, mas adelante lo mencionas de una forma mas difusa que me gusta mas con el perfil de ella. Sigo en dudas con si Hasan tiene que hablar o no...pero eso es obsesión personal.
Me parece que aporta muchisimo de positivo el hecho de que te hayas explayado mas sobre la obra (o quizas antes estaba y yo lo noté ahora recien)y las frases de "Esperando a Godot" que intercalaste.
En fin, ya lo sabes, me parece muy bueno.
Perdón por la extensión del comentario...
Besote!!

Emilia dijo...

jeje ahora no habla eh. Bah, en todos los casos queda muy confuso si habla o si en realidad lo único que suena es el ruido de la silla. Lo chequeé cuidadosamente eso!