martes, 8 de abril de 2008

Locos de Buenos Aires

Colectivo lleno. Viajo amontonada y apretujada, pese a que es la una de la tarde, y uno esperaría lo contrario. Para peor, cargo con mi mochila y un apunte gruesísimo que, para salvaguardar mi columna vertebral, llevo en una mano, en tanto que con la otra me aferro a la manija del asiento que está junto a mi. Estoy muy cerca de la puerta de salida. Y escucho a un hombre hablando demasiado fuerte. Parece estar respondiendo una pregunta (cómo ir hasta Belgrano, o hasta Cabildo, no sé), detalla el recorrido del colectivo, da indicaciones. La explicación ya ha sido bastante clara. No obstante, el hombre insiste. Da más indicaciones, más detalles, parece saberse el recorrido de memoria. Intento determinar a quién le habla, pero me es imposible. Todos lo ignoran.
Evidentemente está hablando solo.
El hombre, al que claramente le faltan caramelos en el frasco, prosigue en un eterno monólogo, una larga disquisición sobre calles y paradas de colectivo, a veces en un susurro inaudible, a veces casi a los gritos. Esucho que anuncia:
- Faltan diez cuadras para la Av Juan B Justo, se ve por la altura de la calle.
Al momento, se corrige:-¡No, siete!
Pero reafirma al momento, triunfalmente:- No, diez. ¡Cuando yo digo diez es porque son diez!.
Bajó en esa parada y se alejó, quizás aun discutiendo con su otro yo acerca de la altura de las calles.

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